Cuando llevas mucho tiempo pidiendo que algo cambie y Dios no responde, el dolor pesa el doble y empiezas a preguntarte dónde está. Prueba a dejar de preguntar por qué te pasó esto y pide compañía mientras descubres qué vas a hacer con ese dolor. Es un cambio pequeño en cómo oras, pero cambia todo lo que sientes.
No le preguntes a Dios por qué no responde, pídele ESTO

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